martes, 28 de agosto de 2007

TALLER EL UNICORNIO: UN ESPACIO DE LECTURA Y ESCRITURA CREATIVA PARA CHICOS Y JOVENES


Espacio en el que se da lugar a la literatura y a la plástica como prácticas emancipadoras y se apuesta fuerte al poder estimulante de la autoconfianza Esta experiencia pone en discusión que los pibes y los jóvenes, generalmente condenados a priori por su deficiente condición socio cultural están destinados a ser no lectores, a no expresarse creativamente; es decir a ser representados por un único significante: ser pobres. He aquí los testimonios de este excelente trabajo coordinado por la poeta Noelia Rivero y un equipo de profesionales que lograron habilitar en el grupo un encuentro con el arte a través de sostener, reconocer y mirar al otro en la riqueza de sus diferencias. Ellos facilitaron un campo de comunicación placentero en el que chicos y jóvenes pudieron imaginar otros mundos posibles, donde soñaron y fueron capaces de elaborar una construcción que los trasciende.

MIRTA COLANGELO




Somos un equipo interdisciplinario que trabaja con niños y jóvenes que viven en familias dependientes del Programa de Acogimiento Familiar Transitorio de Segunda Infancia y Adolescencia. Estamos promoviendo un espacio de producción artística desde la literatura.
La literatura como un espacio de creación libre, de comunicación y de inclusión social.
Nos interesa recuperar en los chicos la confianza de que “pueden crear” de que “pueden entender” de que “sí, les da la cabeza” para leer, acceder, imaginar y emocionarse con textos de grandes escritores como Flaubert, Borges, Bioy Casares, César Vallejo, Ungaretti, Silvia Plath y más.

Los encuentros son sábado por medio, con una duración de dos horas y media. Se realizan lecturas, se escribe en el taller, se corrige y se expone lo escrito por los chicos anteriormente. Pero por sobre toda actividad específicamente literaria, se dialoga, se debate y se escuchan las opiniones de ellos

Empezamos en el 2006 funcionando en dependencias de la Secretaría Nacional de niñez, adolescencia y familia, en el barrio de Once. Actualmente, gracias al apoyo desinteresado del Espacio Juan L. Ortiz, dirigido por Susana Cella, estamos dando las clases en las hermosas salas del Centro Cultural de la Cooperación.

El taller fue autogestionado y todavía no contamos con ninguna financiación, salvo, las donaciones de particulares y las nuestras. Los materiales que usamos son pocos: papeles, lapiceras, lápices, pinturitas y muchísimos libros que nos han donado o hemos llevado de nuestras propias bibliotecas. Necesitamos textos infantiles, libros con ilustraciones o pinturas para usar en el taller y para regalarles a los chicos.

También aceptamos de muy buena gana la visita de otros profesionales del arte: actores, ilustradores, clowns, filósofos, músicos, que quieran dar una linda sorpresa ¡interdisciplinaria!

Somos:

MABEL SEGURO: Licenciada en Trabajo Social UBA
NOELIA RIVERO: Escritora, Editora de poesía, cursó Letras UBA
CONSTANZA ARIES MONTE: estudiante avanzada de la carrera de Trabajo Social UBA.
PAOLA ORTIZ: estudiante avanzada de la carrera de Trabajo Social UBA

nuestro blog: www.taller-el-unicornio.blogspot.com


contacto: noeli_rivero@hotmail.com


Poema de Micaela, 13 años. (Sobre textos de Rafael Alberti)
I


El bosque, el bosque
¡sólo el bosque!
¿Por qué me trajiste, cazador
al circo?

¿Por qué me desenterraste
del bosque?

En sueños, los árboles
y el bosque, me tiran
del corazón
se lo quisieran llevar

cazador, ¿por qué me
trajiste acá?


II

Gimiendo por el bosque,
un elefante por el circo
iza en el aire este lamento:

siempre el viento
me secaba al salir del agua.


III

¡Qué altos árboles!
mi hogar.
Pero no se ve ese
pasto tan verde.

Extraño ver los pájaros
que suben hacia el cielo
trepa el aire, sin parar:

y el sol reflejaba en el río
donde todas las mañanas
me refrescaba
¡en el bosque mío!

Cuento de Silvia, 12 años.

Resulta que Robin Hood, la maga Hermione, Matías, Mafalda, abrieron el placard para cambiarse y se cayeron en Narnia, y el caballo y el muchacho se asombraron y el muchacho dijo: “quiénes son ustedes” y dijeron sus nombres, “Yo me llamo Mafalda, yo me llamo Matías, yo Robin Hood y yo la maga Hermione, yo Jack Sparrow y yo me llamo Bree, dijo el muchacho. Después no sabían que hacer y Breed dijo: quieren conocer mi bosque y lo presentó. Y Mafalda dijo: qué buen bosque como quisiera conocerlo y Breed dijo: si se van a quedar dos días para que conozcan muy bien Narnia y todos dijeron “hay que bueno es conocerlo todo” y después se quedaron dos días para conocer el bosque.
Después apareció un león que los quería atacar y Jack Sparrow corrió hacia él y sacó su espada y se la clavó en el pecho y fue igual que en su película, en vez de que se hundiera el barco al matarlo, se empezó a hundir Narnia y cayeron en un libro “Narnia 3” entonces todo era tan pero tan increíble en la naturaleza que tenía un bosque y entre unos árboles inmensos estaban los placares y se cayeron cada uno en su cuarto y se cambiaron y cada uno fue a su fantasía, otros a las historias, otros a las historietas y dos a las películas y todos vivieron felices para siempre.

¡¡¡Fin!!!


Pequeño acto de Juan, 13 años.

Personajes:

Maximilian Jeik: 13 años, es flaco, alto, pelado y morocho. Un poco tímido, es hacker y amistoso. Vive en una casa larga y reconstruida.
Canela: 5 años, perro. Es chica, canosa, sus pelos son todos marrones y su cuerpo es largo. Muy poco amistosa, loca, se pelea con cualquier persona y es vengativa. Está sobre las camas de sus dueños.


Canela:– Ah… estoy muy cansada, espero que no me venga a molestar ese tipo porque estoy en su cama o porque defequé en aquél lugar donde la gente aparece y desaparece.

Maximiliam:– ¡CANELA!

Canela:– Uy… tenía que ser este pibe, como le dicen…, ¡ah, sí! Maximiliam Jeik. Esa forma con la que me mira, pareciera que me quiere desafiar y usurparme el lugar donde estoy. Me voy a vengar de alguna forma.

Canela saltó encima de él y lo mordió hasta que él se fue dolorido y furioso.

Canela:– Y si no le alcanzó, orinaré en su cuarto.

lunes, 20 de agosto de 2007

MENSAJES EN BOTELLAS

Estas historias de botellas que viajaron por el camino del agua se pueden encontrar exhibidas en el Museo del Puerto de Ingeniero White, Bahía Blanca.

COSAS DE LA MAR 1

El camino del agua

En el taller de lectura y escritura para chicos de La casa del sol albañil de Bahía Blanca empezó a urdirse esta historia allá por agosto del 91.
En realidad la historia había empezado mucho antes. Laura Devetach, escritora argentina, habla en uno de sus libros –Cuentos que no son cuento- de una botella que viajó veinte años por el mar. Una botella con mensaje que fue arrojada en las costas de Brasil y cruzó todo el océano. La aventurera llegó hasta Alemania y fue puente de encuentro entre gente de acá y gente de allá. En el Museo de Comunicaciones de Buenos Aires se conservan botella y mensajes para quien quiera disfrutarlos.
Cuando compartí el texto con el grupo de chicos de ocho y nueve años que concurría al taller, se instaló en nosotros el deseo de probar suerte otra vez. La tarde del 6 de agosto invité a los pibes a escribir mensajes para encontrar algún amigo por el camino del agua.
Y se pusieron manos a la obra. A la luz de una vela quemamos los bordes de los papeles. Lacramos los corchos y las palabras se hicieron abrazo dentro de las botellas.
Cuando llegamos al Puerto de Ingeniero White, atardecía. Un cielo rojo y malva y un puñado de gaviotas tejieron ronda sobre nosotros. Celebramos con buenos deseos cada una de las botellas arrojadas al mar.
Y las vimos alejarse impulsadas por la corriente de la ría.

Los palomares

Martín Marzullo había cumplido aquella primavera ocho años. La tarde de setiembre lo vio llegar al taller con un sobre latiendo entre sus manos. Su botella con mensaje había sido recogida por un trabajador del Puerto de Coronel Rosales.
Jorge Pérez lo decía en la carta que acompañaba con un mapa de la costa.
Con una flechita estaba señalado el lugar aproximado del hallazgo.
Siguiendo el juego, los bordes del papel habían sido quemados.
Jorge Pérez debía ser un hombre que mantenía el sueño y el juego intactos.
Y nos crecieron ganas de conocerlo. Le mandamos cartas y dibujos y lo invitamos a visitar el taller. Lo que nos contó en aquel encuentro confirmó lo que habíamos pensado de él y lo recogió de mi relato Eduardo Galeano que estuvo en Bahía Blanca en marzo del 96. La historia se enriqueció a través de su escritura.
La botella por Eduardo Galeano

“En la mañana de su desdicha, Jorge Pérez se echó a caminar. Caminó sin saber por qué, sin saber adónde, obedeciendo a sus piernas, que estaban más vivas que él y se movían sin consultarlo. Aquella mañana Jorge se había quedado sin trabajo. En un santiamén, y sin explicaciones, había sido echado de su empleo de muchos años en la refinería de petróleo. Y al llegar a casa había recibido carta de su único hijo, que era toda la familia que le quedaba. El hijo le decía que se sentía de los más bien navegando en alta mar y que no pensaba volver. Sin nada, sin nadie, Jorge se echó a navegar a la hora en que nada ni nadie hace sombra en este mundo. Bajo el sol vertical , las piernas lo fueron llevando a lo largo de la costa sur de Puerto Rosales. Y por ahí andaba, mirando sin ver, cuando le golpeó los ojos el fulgor de una botella atrapada entre los juncos. Jorge se agachó en el barro y la recogió. Era una botella de vino, pero no era vino lo que tenía adentro. En la botella, cerrada con tapón de lacre, había papeles. No hay dos sin tres, temió Jorge, pero más pudo la curiosidad. Rompió el pico contra una piedra y encontró unos dibujos, algo borroneados por el agua que se había filtrado. Eran dibujos de soles y gaviotas, soles que volaban y gaviotas que brillaban. También había una carta, que había venido desde Bahía Blanca navegando por el mar y estaba dirigida a quien encuentre este mensaje:
Hola, soy Martín. Yo tengo ocho anios. A mí me gustan los nioquis, los huebos fritos y el color berde. A mí me gusta dibujar. Yo busco un amigo por los caminos del agua.”

Inicialmente este texto fue publicado por la revista La maga el 23 de octubre de 1994. Ahora forma parte del libro de Eduardo Galeano “Bocas del tiempo”

Una historia de nunca acabar

La vidriera del kiosco de la calle Darregueira al 1200 parecía estallar en un gran sol pintado de naranja. A un costado se leía clarito: La casa del sol.
El hallazgo me sorprendió y entré. Allí estaba Jorge Pérez. Con los pocos pesos del “retiro voluntario” se había puesto un kiosco y estaba probando suerte.
-La gente del barrio me pregunta si le puse La casa del sol porque está en la vereda del sol-, me confió- pero yo les digo que no y les cuento la historia.

En la casa del sol albañil se llevó a cabo durante diez años (1986-1996) una experiencia interdisciplinaria de Educación por el Arte que incluía talleres de Literatura, Plástica, Eexpresión Corporal, Música y Teatro, destinados a niños adolescentes y adultos.
También se desarrollaron actividades de animación de la lectura y se dictaron cursos y talleres para docentes y bibliotecarios. Fue fundada por Mirta Colangelo y Miguel Angel Carra.

Y claro que la historia no se acaba:

Octubre de 2007

Cuando sonó el teléfono en mi casa y al atenderlo una voz me dijo que era Jorge el que hablaba yo no lo reconocí.
- Jorge Pérez, habla. Hoy es el día del aniversario.
- ¿Qué aniversario?, pregunté.
- Hoy es el día en el que encontré la botella, me respondió.
Dieciséis años después, Jorge Pérez celebraba cada año el día del aniversario en el que había encontrado una botella con mensaje escrito por un pibe.
Charlamos un rato y le conté que Eduardo Galeano, un gran escritor uruguayo, había escrito la historia y que yo podía hacerle una copia de ese texto.
Me preguntó si estaba publicada.
- Bocas del tiempo, se llama el libro,- le dije.
Jorge se conmovió y habló de lo bueno que era que él solo hubiera sido el que encontrara la botella. -De haber sido varios,- reflexionaba,-no hubiera sido lo mismo.-
Nos despedimos con la alegría de haber compartido ese reencuentro.


Vísperas de la Navidad del 2007


Otra vez un llamado de Jorge Pérez.
Lo hacía para contarme que después de muchas vueltas había dado con una librería donde pudo comprar Bocas del tiempo.
-Ahí estoy yo,- repetía una y otra vez, emocionado, -con nombre y apellido estoy yo. El libro lo voy a guardar para mis nietos.-

Mirta Colangelo Coordinadora del taller


COSAS DE LA MAR 2




Y ya que había sucedido una vez por qué no una segunda.
Año 2000. Otro espacio. Otro grupo, otro taller. Esta vez estaba yo trabajando en el Patronato de la Infancia de Bahía Blanca, donde coordiné desde 1996 hasta 2007 el taller literario para niños Cuentos con sol, que incluía un arrimo con la plástica.
Les conté a los chicos la historia que Laura escribió y lo que nos había sucedido hacía un tiempito cuando probamos con otros pibes encontrar amigos por el camino del agua. Les leí el texto de Eduardo Galeano.
Se entusiasmaron y quisieron reiterar la experiencia.
Escribieron mensajes y preparamos las botellas: todas de vidrio reluciente, todas bien lacradas.
Y hacia el Puerto de White nos fuimos en el micro del Patro la tarde del 8 de febrero. Durante todo el viaje dijimos coplas, pequeños poemas y saludamos a la gente.
Estábamos tan contentos.

Me gusta la leche me gusta el café pero más me gustan los ojos de usted Pan es pan queso es queso no hay amor si no hay un beso Ay! ¡qué trabajo me cuesta quererte como te quiero por tu amor me duele el aire, el corazón y el sombrero!... sonaban las voces en el aire. Y juntamos girasoles que crecían cerca de unas vías y nos reímos. Cada botella que arrojamos al mar fue acompañada de un Buena suerte dicho tres veces en voz alta. Vázquez, el chofer, decía que nunca se iba a olvidar de ese viaje, nosotros tampoco. Volvimos y se inició la espera. Una espera esperanzada que hacía crecer el deseo. Y la mañana del 2 de abril Carlos González llamó por teléfono diciendo que él y su familia estaban en una playa cercana a Pehuén-Có, unos ochenta km. distante de Bahía Blanca, cuando encontraron entre unas rocas una botellita con mensaje. Era el que había escrito Christian Guittlein, 12 años, uno de los niños del taller. Como él decía que le gustaban los chorizos y las naranjas, González me propuso traerlos y almorzar juntos con todos los pibes internados. Sería una sorpresa para Christian. Yo le pedí que le escribieran una carta para leérsela el día del encuentro. Y la mañana del sábado Carlos, su mujer y su hija nos visitaron y aquel almuerzo fue cosa para recordar. Cuando la muchacha al leer la carta dijo que el chico que había escrito el mensaje de la botella decía que le gustaban los chorizos y las naranjas, Christian se puso de pie, emocionado, diciendo:-El de los chorizos soy yo- y todos celebramos que aquella botella hubiera llegado a manos amigas. Durante muchos meses la hermana de Carlos González, una señora mayor que vive en Coronel Suárez y que también estaba presente en el momento del hallazgo de la botella, mantuvo correspondencia con Christian. Sus cartas llegaban acompañadas de dulces, de mandarinas y de palabras cariñosas.
Sucedidos que confirman la no linealidad de la vida. En tiempos en los que se prestigia la inmediatez, lo urgente, la supuesta ultra comunicación que ofrecen los aparatos electrónicos o cibernéticos, creer en la espera, en el camino del agua, en el azar, en los encuentros a deshora, como diría Cortázar y disfrutar intensamente.

Mirta Colangelo
Coordinadora del taller

sábado, 18 de agosto de 2007

CHICOS QUE DIBUJAN Y ESCRIBEN

Los hermanitos Marina y Lucas Lipina mandaron sus encantadoras creaciones para compartir con los lectores de El procedimiento de la infancia.
Marina tiene 11 años y le encanta dibujar. Eligió el violeta y en la imagen creada habita la maravilla.





Y a Lucas le gusta escribir. Probó con los poemas y le salió uno de amor, como éste, marinero, marineante, de los amores entre la luna y el sol.





En las tristes orillas del mar la luna está despidiéndose del sol. Sus lágrimas
caen sobre un caracol. Su cara arrugada, por la triste despedida del sol.
Con su mirada angustiada estaba desesperada.
Un día vino una luz con una flor azul.

La luna consiguió su amor jugando con su pompón.
Su vida maravillosa fue muy hermosa.
El sol la besó y después se casó.
Su fiel amor nunca más la abandonó


LUCAS LIPINA (10 años)