domingo, 30 de diciembre de 2007

TALLER DE DIBUJOS Y PALABRAS de Diana Laurencich








¿Querés hacer tus propios cuentos o tus poemas?

¿ Le cambiarías los dibujos a los libros? ¿o aprender a escribir bien, sin faltas de ortografía, pero sin aburridas repeticiones?

Dirigido a niños de 5 a 12 años, ¡más o menos...no hay que ponerse obsesivo!

Lugar: Atreyu tierra de libros, la librería temática infantil y juvenil además de biblioteca que está en San Juan 43. Mar del Plata.

Dos encuentros semanales

Temas: la guerra, la diversidad cultural, los cuentos archiconocidos que nos contaron cuando éramos chiquitos, los desconocidos por completo, los chinos , los árabes y su escritura, la ecología, sus miedos, los monstruos, las hadas, la poesía , la muerte ,la vida y tantos otros que tengan que ver con lo que les pasa por sus cabecitas...

Acciones: dibujar, ilustrar, escribir, redactar, corregir, comparar, maquetar un libro, leer, investigar, reflexionar, buscar, exponer, jugar con los sonidos, aceptar, trabajar en grupo, defender su postura, etc, etc, etc.

Objetivos: más que objetivos habrá proyectos de grupo para dar respuesta a todas estas dudas que carcomen mi cabeza día y noche...

¿cómo despertamos la curiosidad, el espíritu investigativo, ese estímulo tan necesario para el hacer?

¿Cómo aprovechamos la fantasía de un niño?

¿Cómo la atrapamos al vuelo( porque volar, vuelan ¿eh?) y la plasmamos en un papel?

¿Cómo hacemos para que ellos relacionen esa fantasía con la que alimenta a los grandes escritores, poetas, ilustradores de nuestros más amados libros?

¿Tienen que leer los niños o tienen que producir sus propias narraciones y poemas?

¿Y si los dibujan?, ¿no están usando otro lenguaje para expresar lo mismo?

¿Y cómo sería un cuento igual al que sabemos todos pero ilustrado por niños?

¿Le enseñamos a amar su trabajo pero aceptando y disfrutando del trabajo de su compañero, que quizá no es taaaaannnnn bueno como el de él?

¿Y cuando lo leen y se dan cuenta que les sobran palabras para decir lo mismo, no estamos corrigiendo y enseñando oralidad al mismo tiempo?

¿Cómo le explicamos que es muy práctico el word, pero es una herramienta más, que inventó un señor muy inteligente, pero sigue existiendo la pluma, él lápiz, lapiceras con brillitos, pinceles y tantas otras?

¿Le contamos que nosotros leemos de izquierda a derecha, pero que hay grandes culturas que leen de derecha a izquierda y de arriba abajo? Y una vez que lo saben, le enseñamos los distintos trazos, de nuestra y de otras caligrafías?

¿Cómo hacemos para que se entusiasmen con la ortografía, el terror de las maestras? ¿Y si le agregamos sonido a las palabras no es más fácil?

¡ Y cómo finalmente, hacemos que corrija sus propios errores sin aburrirse, ya que errores tenemos todos y, además para eso están los correctores de las editoriales...

Diana Laurencich


ver blogs: www.padresenapuro.blogspot.com

www.atreyutierradelibros.blosgpot.com

Algunas reflexiones de Diana


Cuanto menos interceptemos la creatividad de los chicos, más indagan en su interior, más expresan.
Es fácil indicarles un camino, el nuestro. Así mostraremos resultados y los padres de los chicos nos adorarán. Pero ese camino , quizá, no sea el que los chicos buscan para su expresión.
En una línea que escriban puede estar expresado todo el dolor o el disfrute de ese día. Debemos estar atentos, no menospreciar nada, ni un punto.
El dibujo y la palabra son dos cosas que se desarrollan juntas, si todo va bien, los chicos gozan de decir disparates, de escuchar sonidos cómicos, raros, que suenen a misterio.
Hagan la prueba, lean un texto sin declamarlo, y luego léanlo metiéndose en él, como si fuesen grandes actores y verán los resultados. No hay que tenerle miedo al ridículo. No atemoricen, ni se atemoricen.
El juego abre puertas, la risa, el acompañamiento, el estar ahí, con ellos, cuando piden un consejo, una técnica, apuntarles algo, pedirles... eso sí.
Un docente que no se divierte con ellos, con su mundo, que no se sienta a su nivel, no puede enseñar nada, porque no tiene nada para enseñarles, los discípulos superan al maestro.
Abramos puertas para ir a jugar.
Lo demás ,viene solo.

visitad mi blog: la ducha de los héroes cotidianos


Y sobrevendrá el asombro ya que Diana, reconocida artista plástica argentina, nos enciende el deseo con sus relatos, con las imágenes que su buen ojo sabe pescar, con su humor y su poesía. Este trabajo con niños revela otra arista de su capacidad creadora.


Mirta Colangelo



Estos textos los escribió Balta


LA MÁQUINA DE HACER ESTRELLAS


Hay dos personitas diminutas que manejan una máquina: una tiene patas rapidísimas y la llaman Fin, otra tiene pulmones gigantes y la llaman Fiu. Fin pedalea , Fiu sopla. Fin hace brillar calentando la estrella, Fiu la enfría para que no explote. Fin es alta, Fiu es baja. Fin es flaca, Fiu es gorda. Fin tiene pelo rubio, Fiu marrón. Fiu llegó y saludó, Fin llegó y el cuento se terminó

OTRA, una hipótesis sobre lo verdadero y lo falso Hipótesis 1 del Dr. Baltasar. Verdad y fusión.


Cuando una chica y un chico nacen de diferentes familias llega un momento en que más o menos de grandes se vuelven verdaderos. Entonces ahí, justo cuando son verdaderos, hacen el amor y sale un hijo, no verdadero o sea, una fusión de dos verdaderos. Después este chico su hace verdadero, se junta con otra verdadera, y sale un chico fusión que se volverá verdadero al llegar a los ,más o menos, 41 años. Cuando se hace verdadero, se junta con otra verdadera, de más o menos 37 años, y hacen un hijo, que es la fusión y por lo tanto no es tan verdaderamente hermoso como su madre o su padre, porque éstos sí son verdaderos. Conclusión: chicos, somos unos falsos pero no se preocupen ya seremos verdaderos..

Metáfora de la libertad


Si querés ser libre comprá tu libertad.
Hay libertades de todo tipo
libertad condicionaL
libertad de un día
libertad de toda la vida
estatua de la libertad
libertad a secas
libertad a mojadas
libertad usada
libertad nuevita
libertad mal venida de fábrica
libertad que no convence
libertad escurridiza
también está la libertad jorobada de Notre Dame
la libertad liberada
la calle libertad
(no falta nada, bah nos falta algo: la condena).

Diana Laurencich

Relato de una experiencia sobre un tema tabú

Un día trabajamos con el libro del pato y la muerte, un libro que no se publicó en Argentina todavía, pero que es del mismo autor del Topito Birolo

Ahora vuelve con una edición preciosa del Pato y la muerte, otro tema tabú para padres y maestros que los chicos toman con total naturalidad:

Vean estos poemas:

De Paloma Romero Gozzi, 10 años.



El pato y la muerte

En este cuento no hay

ni buena ni mala suerte.

Cielo, infierno,

Ángel ,diablo,

Fuego, agua,

Todo diferente pero es muerte.

Hay alas para llegar a las nubes,

Y agujeros para llegar al volcán.

En el cielo hay una luz sobre una estrella

para cada noche

ver a los que más amamos.

Mas la muerte no nos deja ni un segundo.

Acotación:


Cuando Paloma dijo lo de la estrella, se habló de alquilar estrellas para irse a morir, pues la demanda de Venus parece que está en alza! Todos tienen algún pariente o gato ahí!

Este lo escribió Iara: 8 años.


Se llama: Entre el Pato y la muerte.

En este cuento hay

un pato muerto

Y está muerto por el

cuento y está tranquilo

Dormido en su cuento que no tiene versos.

Los pequeñitos, dibujaron a la muerte, algunos la hicieron triste como Joaquín, que la dibujó llorando y con cuernos, ¿y por qué llora Joaco?

Porque le salieron cuernos y porque se murió el pato.



Joaquín tiene 6 años.

Mora, también de 6 años, dibujó una hermosa muerte, llena de colores. Hasta los copos de nieve que caían al morir el pato tenían colores!

Juli, la dibujante de animales, otra niña de 6 años, dibujó a mi gata Nevada, viva y muerta, con una naturalidad maravillosa.

Florencia (10 años) sin paciencia, se quedó escuchando, escribió y borró, borró y se puso triste y después se fue a jugar.



Primer cadáver exquisito


Hecho con los chicos de Atreyu.


Satia Florencia Baltasar Rocío Florencia sin paciencia.

Me llamo Florencia y no tengo paciencia

El más preguntón: cuántos chicos son?

Chancho chistoso con oso

Nacho el perro travieso

El hada de la valentía

El tigre en el espejo

Espero que no pase un avión ahora

El disco comienza a dar vueltas y más vueltas

Lluvia de asado

Quiero pintar,

la linda princesa

Un angelito que no vuela

Vamos pasando la lapicera en ronda

Cuenta cuentos ¿cuántos cuentos cuentan los cuentos?

Mariposa toma al chavo

Quiero dibujar y divertirme

La flor hermosa

Tengo ganas de comer papas fritas

Al fin conocí a una escritora!

Don Quijote y Sancho Panza tomaban Coca Cola?

La Papafrita sin cabeza...

El misterio del príncipe

Aventureros y enamorados.


martes, 18 de diciembre de 2007

UNO DE MISTERIO




Una vez más recibimos para subir a El procedimiento de la infancia, un lindísimo texto de Guido Lipina. Esta vez Guido nos envió un cuento de misterio que resultó ganador en un concurso de Literatura que se llevó a cabo en su escuela.
Lo felicitamos y le agradecemos haber sido tan consecuente.
Y acá va acompañado de una foto lindísima que le sacó su papá.




LA LUPA DE LA MUERTE
Por El mayor de los Grimm

Octubre 27, 1923


Querido diario, son las tres de la mañana y no puedo dormir, un sentimiento penoso y escalofriante invade mi casa. No me siento nada bien, siento que mi cabeza va a explotar, no puedo controlar mi ira, mi cerebro no funciona y mi corazón tampoco. Hoy maltraté a un señor que pedía limosna, lo empujé hacia la calle y no se si se habrá lastimado. En este instante me propongo no volver a maltratarlo -tampoco maltrataré a ninguna persona sin recursos suficientes que este pidiendo ayuda y que sea amable al mismo tiempo-.
Últimamente, mis pesadillas están siendo más fuertes. A pesar de muchas cosas que pasaron en mi vida de detective, cosas violentas, brutas y en muchos casos letales que poco lograron asustarme, estas pesadillas lograron sacarme de quicio y si por alguna razón mis sueños intentan decirme algo, debo estar precavido.
Si sigo siendo así de negativo contigo tú te volverás un completo pesimista, así que te contaré las buenas noticias, literalmente, de cómo ocurrieron.
Me desperté a las cinco con el fuerte ruido de la puerta de mi casa cerrándose. Cuando fui a abrir encontré a una señora gritando desaforadamente con los pelos rizados, la cara totalmente pálida, una rodaja de pepino colgada de sus enormes cachetes y las rodillas cubiertas de barro. Su vestido -si es que eso era lo que llevaba puesto- tenía media manga rota. Lo que seguramente era un moño, estaba colgado de una de sus enormes y enredadas colas de caballo atadas con una cinta de un color extravagante y todo el pecho manchado con café, además de una tostada con manteca y mermelada de frutilla pegada en uno de sus brazos. Tranquilamente, la invité a pasar, le entregué una toalla y un vestido que tenía guardado para estas ocasiones. Luego de ponérselo, le pregunté si quería algo y de un momento a otro me vi empujado hacia mi sillón. Rápidamente ella empezó a hablar de un montón de cosas, a tanta velocidad que parecía que lo hacia en otro idioma. Me levanté, le tapé la boca con el dedo índice y empecé el dialogo.
-Me imagino que por la apariencia con la que interrumpió mi siesta matutina, usted es ama de llaves y su patrona le ha dicho que venga hasta aquí para decirme que su esposo está en un grave peligro...
Esto fue lo que empezó un breve pero muy interesante diálogo.
-Mi ama me dijo que el señor Srunget, mi patrón, está enfermo. Yo le pregunté si quería que llamara a un doctor, pero ella me dijo que en lugar de eso lo llamara a usted, y aquí me tiene.
Lo dijo con tanta claridad que me pareció un caso de lo más interesante así que le propuse irnos en ese instante hasta la casa de sus patrones.
Cuando llegamos a la gran mansión, Carola –el ama de llaves- me pidió un segundo para ir hacia la cocina y tomar un vaso de agua. Aproveché la oportunidad para investigar un poco el lugar. Empecé por el living, que me pareció demasiado grande para tan pocas cosas. Lo único que vi fue un sillón de color naranja fuerte con unas veinte flores dibujadas a la perfección, con trazos largos y delicados de muchos colores rosáceos y anaranjados. Además tenía un gran dragón de color rojo intenso que parecía querer salir del sillón en actitud de devorarme de un solo bocado, para seguir luego apoderándose de todo lo demás en la casa. Lo que más impresionaba era la expresión de sus ojos grandes. Parecía como si acabara de ser lastimado y mirara mas allá, desde su alma, mostrando un fuego prendido, un corazón ardiente, esperanza, perdón... y a la vez todo lo opuesto, venganza, ira, odio.

Unos instantes después de entrar al living, un grito ahogado invadió la casa. Un segundo después vi salir corriendo a Carola desde la cocina hacia las escaleras. La seguí hasta un cuarto que tenía una cama en el centro. Allí no había nadie, pero el grito se continuaba oyendo con total claridad, como si fuera de... un fantasma. De una de las esquinas del cuarto, de pronto apareció una anciana decrépita y en un idioma que parecía japonés le dijo algo que no entendí a Carola. Ésta le contestó y tomándome del brazo me condujo a otra habitación con una gran cama y un hombre acostado sobre ella, que seguramente era el señor Srunget. Carola se acercó y vio si respiraba. Después salió corriendo con la cara tapada por sus manos. Me acerqué para ver si estaba muerto.
La anciana apareció detrás de mí y me echó de la casa, diciéndome que me fuera y no volviera, poniéndome en la mano un extraño objeto que me pareció una lupa decorada con un estilo chino de colores oscuros, con carabelas espectrales en todas partes.
En este momento me venció el sueño. Sigo mañana.
Buenas noches

Octubre 29, 1923

Las cosas van de mal en peor. Lo que me pasó en estos últimos días fue para morirse. De hecho, en estos momentos me persigue la muerte. Seguramente, recordarás esa lupa tan extraña que hace un par de días me dio la anciana cuando me echó de su casa. Pues de acuerdo con muchos monjes chinos es la lupa de la muerte. Tiene el poder de matar a cualquiera que mire por ella... y seguramente es la causa de la muerte del señor Srunget. Y aunque yo sea precavido, este caso puede ser una excepción en la que no logre salir con vida. Cuando anoche miré por la lupa, toda mi vida y mis pensamientos se juntaron y formaron algo muy grande... todo un sentimiento de oscuridad empezó a brotar de la lupa convirtiéndose en un espectro. Y sorprendentemente, al mismo tiempo que apareció el espectro, también tuve una sensación suave y placentera que salió de mi boca y al instante otro sentimiento oscuro que se apoderó de mi y me convirtió en un monstruo. Ahora, siento que lo bueno en mi ya ha sido consumido. Lo que queda es apenas un microbio de lo que era antes. Y si el destino me indica que tenga que seguir así, preferiría morir. Acabaría con mi miserable corazón y luego se lo daría al perro de comida. Si, se que me he vuelto loco. Si crees que un entupido pedazo de papel como tú me dirá que no lo haga, estás equivocado. Seguiré mi destino. Moriré un 29 de octubre. Nadie se enterará y lo disfrutaré. Querido diario... ya no le tengo miedo a la muerte, sino a la vida y a lo que queda de mí. Lo único que me haría cambiar de opinion, sería la voz de mi conciencia. Pero ella murió y sólo quedo yo y mi cuerpo. Ya no tengo esa estúpida alma de buen corazón. Sólo tengo un hueco transparente que está por volverse rojo y sucio. Y ahora lo único que me queda es traspasar mi cuerpo con este artefacto metálico de gran filo. Que sea un loco no significa que no sea educado, así que adiós para siempre querido diario.

Diario de Paris del 29 de noviembre de 1923


Hoy en la calle Morgue, la señora Carola del Carmen encontró a José Pujol acostado en su cama, atravesado con un cuchillo en la mitad del pecho. Los médicos de la policía dijeron que murió hace al menos un mes, asesinado por algún delincuente. No obstante, el doctor Juan de Serenta afirmó que el hombre se suicidó. Ninguna de las teorías pudo confirmarse, ya que se encontró una breve nota inconclusa cerca del cadáver, en la que podía leerse lo siguiente: “Me he visto obligado a hacer esto, pero la verdadera causa de mi muerte es...”.


lunes, 17 de diciembre de 2007

TALLER LITERARIO A ORILLAS DE LA MAR

La diosa Palabra, o búfala, o leona
sólo visita a los que ama.
Juan Gelman

Casi no es necesario agregar nada. Los textos que escribieron los pibes del taller de Antonia Zaragoza hablan por sí mismos. De la coordinadora y su fina sensibilidad de poeta y de lo que la mismísima poesía con su efecto “levadura” como a mí me gusta decir, está haciendo en las vidas de los chicos.

Brevedad, hondura, humor, regalan a los lectores estos “pescadores de la palabra”, que se animan a que suene, a que diga, a que llamee en los textos.

Mirta Colangelo



Hubo una primera vez, un zarpar en aguas desconocidas con tripulantes que creyeron en el ritmo. Así en 1996 comenzó el taller literario en Monte Hermoso. Durante estos años de navegación yo vengo a ser algo así como el capitán. Somos náufragos de la palabra, muchas de ellas se hundieron para que lo mejor pueda salir a flote. Salvarse. Sobrevivientes de la misma, como dice Gianni Rodari, por el sentido liberador que puede llegar a tener. Hay una geografía que venimos dibujando en el mapa a bordo de una embarcación cargada de propuestas, juegos, lecturas, en el ámbito de la biblioteca. Nos hicimos pescadores, al decir de Fernando Pessoa, “porque el poeta es uno de ellos, un pescador no de peces, sino de pescados vivos: entendámonos, de peces que pueden vivir después de pescados.”

Los diarios de viaje son diversos:

Juanita y Lucía llevan prolijos cuadernos.
Amparo tiene cuaderno, pero no es raro que escriba en papelitos.
Manuel pregunta todas las mañanas -¿hoy hay taller?
Lucía B. quiere dejar la escuela y tener todos los días taller literario.

Aquí va el mapa de ruta.
Leven anclas y a zarpar!

María Antonia Zaragoza
Coordinadora Taller Literario Municipal

Aquí estamos en la Plaza.
Trabajamos con el Comelibros de Comoto (libros-álbum del eclipse). Les propuse
reescribir la primera parte e inventar un final.

El Sr. B se lo pasaba comiendo libros. De tanto comer se le mancharon las camisas con
letras.
El Sr. B las lavó y se fue a descansar.
El Sr. B vio que sus camisas estaban limpias.
Las letras se fueron volando a la biblioteca y formaron nuevos libros.

Manuel Retamozo, 6 años.

Sobre el libro ¿Has visto? De Istvansch

La vaquita de san Antonio se esconde detrás de la cereza. Los ojos del conejo la están
mirando.

¿Has visto a la vaquita de san Antonio roja
escondida detrás de las cerezas rojas
porque los ojos rojos del conejo la están mirando?

Las hormigas
salpicadas con tinta china
marchan en la noche de los murciélagos.
La luna duerme sobre una nube de algodón alumbrando al oso polar que se baña en
espuma.

¿Has visto a la luna blanca
durmiendo sobre la nube blanca
de algodón blanco
alumbrando al oso polar blanco
que se baña en espuma blanca?

Lucía Retamozo, 10 años


¿Has visto en un zoológico unos flamencos rosas
mirando a las garzas rosas
que miran las flores rosas?

¿Y a la pantera rosa
que comía bajo el cielo rosa?

Juana Rusconi, 6 años

Con El colectivo fantasma de Ricardo Mariño, preparamos algunos epitafios. (Creación
grupal)

Corría todo el tiempo
Carmina Prietos
ahora descansa aquí
con los pies quietos.
Siempre sonriente
Rodríguez, Valeria
yace en esta tumba
ahora está seria.
Era tan olvidadiza
Lorena de Lucía
murió hace poco
no se acuerda el día.
Dolores Carula
le temía a la muerte
yace en esta tumba
no tuvo suerte.
Desafinaba en el coro
Juan Bogado
ahora yace aquí
al fin se ha callado.


Un día buscamos palabras en los títulos de los libros de la biblioteca, las pusimos en un
arcón como si fuera un tesoro. Los chicos las iban sacando y armando poemas breves.


Breves

el poder:
un mural
en el desierto
los delfines
tienen luz
en sus ojos
la dama de los peces
abre la puerta
de su mirada
las huellas
de los ángeles
marcan el sol
los caminos negros de la poesía
son fieles lobos
el pasado:
un revuelo de hojas

Amparo Luna Leoz, 9 años


Las luciérnagas habitan
en las manos de los árboles.
En el invierno de la vida
los lobos
se abrigan con joyas.


Macarena Molina Rodríguez, 11 años


En los juegos de la noche
las sombras parecen espejos.

Lucía Retamozo, 10 años

“Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi
poema” Pablo Neruda.


¿Qué palabras querés poner en tu poema?
Lucía eligió: laberinto, sueños, espejo. Y escribió:

Laberintos

Amo los laberintos donde la gente se pierde. Pero no me gustan los comunes y corrientes, sí los grandes en los que se pierden hasta los sueños. Prefiero los blancos y negros a cuadros como un ajedrez. Esos laberintos que cuando llueve no necesitás paraguas porque hasta las gotas se pierden en esas paredes que se mueven como un
caleidoscopio. Laberintos que parecen espejos. Laberintos en los que no existe el agua y hay vida.

Lucía Retamozo, 10 años


Amalia y el pegaso

A Amalia le gustaban más los libros de cuentos que los deberes. Una tarde antes de hacer sus tareas se fue a su biblioteca y cuando abrió el cuento del caballo alado inmediatamente entró por su ventana un colorido pegaso con noticias de cuentos todavía no publicados. Salieron los dos volando. A Amalia le esperaba el sueño de su vida. Llegaron a un mundo donde habitaban bellas criaturas. Ella bajó del pegaso y éste salió volando. La niña corrió a ver esos libros. Tapas, lomos, títulos, dibujos. Amalia imaginaba historias: principios, conflictos, finales. Se convertía en duende, hada, gnomo, princesa, bruja, fantasma, gigante, entre otros. En el justo momento en que era un hada y con su varita mágica estaba salvando a la princesa de que el ogro no la degollara…
-¡Amaaaaaaaaaaalia!!!!!!, vení a tomar la sooooopa!!!!! Subió a su caballo alado y volvió a su casa. Mamá la esperaba con la cena y una carpeta abierta con muchos deberes para completar.

Amparo Luna Leoz, 9 años


Una flota de barquitos
como la cola de un canguro
como una liana
como un collar de colores
como el cuello de una jirafa
como dos trenzas
¿Qué haría en un barquito de papel?
Mirar el mar desde el borde y tocarlo con los dedos

Juana Rusconi, 6 años


Joaquín y el agua

I La tarde que Joaquín pintó el agua

Joaquín se asoma a la ventana y se queda mirando cómo la lluvia salpica el
patio.
-¡La tormenta está prendida! -le dice a su mamá. Ven un rayo dibujar un río
en el cielo.
-¡Voy a pintar la tormenta! –dice.
Sale corriendo a buscar
hojas
pinceles
acuarelas
las trae a la mesita del living.
Mamá le alcanza dos vasos con agua.
Joaquín moja el pincel
moja celeste
revuelve
pinta celeste
más agua
más celeste
olas
viento
peces
sal.
Le pide a su mamá un papel glasé.
-¿No pintás más?
-No, quiero hacer un barquito.
La mamá trae los papeles,
-Uno azul quiero.
Con sus dedos de tres años dobla el papel por la mitad, puntita con puntita,
como le enseñó la señorita Lili.
Después otra vez por la mitad.
-¿Y ahora?
Mamá le ayuda:
tres puntas para un lado
una para el otro
mete el dedo en el triángulo
como si fuera el bonete de un títere.
Se lo muestra y lo aplasta.
-¡Ya estamos listos para tirar de las puntas! –dice.
Aparecen proa y popa con una vela que brilla. El casco es blanco.
Joaquín prueba el barco sobre el mar de acuarela
el barco flota
se cuelga del borde
de un salto trepa
sube
entra
se sienta.
Tiene brújula y timón, chaleco salvavidas y catalejo, flotadores, espejo,
ancla, remos, bengalas y boyas.
Se acerca un barco pirata.
Pasan delfines como los de Mundo Marino.
Pero él se distrae, asombrado porque esas olas tienen bigotes. Estira el
dedo para tocarlas. Se moja una mano, la otra y la panza apoyada en el
borde del bote, también se la moja. La espuma empieza a volar. Ahora se
chupa los dedos, gusto a ensalada tienen, le gusta, chupa más.
Se balancea y canta:
“la mar estaba serena
serena estaba la mar…”
Toma el catalejo y mira el horizonte de la ventana: un rayo de sol baja por el
tobogán.
-¡Mamá! ya se apagó la tormenta, ¿me das otro papel?
Los dos se abrigan hasta las orejas y se van con el sobre de papeles al
cordón de la vereda.
De las manos de la mamá nacen barcos como mariposas.
Zarpa una flota de colores como una cadena de guirnaldas.
-¿Nos subimos? -pregunta Joaquín.
-¡Nos subimos! -contesta su mamá.

II Barcos en la acuarela

Joaquín y su mamá navegan en un barquito de papel bordeando el cordón
de la vereda.
Cuando pasan por la casa de Sofía la invitan a subir. Sofía busca las patas
de rana y las antiparras que le dejaron los reyes.
-¡Allá vooooooyyyyyyyy!
Suben también otros amigos del barrio:
Maxi y Lucas
el otro Joaquín
Marcos y Leticia
Anita
Mariano y Carlitos, los hijos del pescador que sabe muuuuucho de barcos.
Algunos van parados, saltan, se tambalean.
Comen pasas y cereales y de sus bocas salen risas, suspiros y canciones.
Son unos cuantos que parecen muchos más.
Los barcos los llevan
los llevan
y ellos se dejan llevar.
En Monte Hermoso
había un marinero
que con sus remos
navegaba ligero.
Esa tarde gastan los deseos de navegar.
Conocen:
la Cascada de la Esquina
y los Rápidos de la Cuneta
Todo se vuelve oscuro en la Alcantarilla del Centro.
Juegan a salpicarse con los remos, con las patas de rana. Se tiran las
boyas y los flotadores. Los chalecos naranjas mojados como peces.
Llegan al arroyo. Los árboles vestidos se miran en el espejo y sus hojas
como papeles libres hacen la plancha en plena corriente.
Las siguen.
En el aire hay música de voces y silencio de tarde recién lavada, de arroyo
en flor.
Sobre el agua baila el sol y la flota de barcos de colores dibuja olas que se
abren hasta la orilla.
En Monte Hermoso
había un marinero
que con sus remos
navegaba ligero.
-¡Miren! –dice Joaquín con los ojos asomados al catalejo- allá se ve el mar.
Marcos y Leticia le hacen sombra a los ojos con la palma de la mano.
-¡Lo lo gramos! ¡lo lo gramos! –cantan a coro y se abrazan. Siempre habían
soñado con llegar al mar navegando por el arroyo.
-¡Es la booooca! –dice Mariano- te acordás Carlitos que papá nos trajo un
día.
-¡Síííííí! Cuando pescamos el lenguado.
Anita salta en el barco agarrada del timón. No puede creer que estén
llegando a la desembocadura.
Maxi, Lucas y el otro Joaquín anclan el bote y se zambullen con sus
salvavidas. Quieren llegar nadando.
La mamá de Joaquín ve que el mar está cerca.
Hoy parece un cuadro pintado con acuarelas sobre una hoja en la mesita
del living.

María Antonia Zaragoza

Aquí los chicos del taller pintan el cuento
También escuchamos cómo cantan las hormigas en el libro La hormiga que
canta de Laura Devetach, ilustrado por Juan Lima.

Con el lápiz de las patas
con su pétalo
su mástil
las hormigas hacen mapas.
Viene el viento
se los barre.
Viene el agua
se los borra.
Chimichurri chimichurri
cantan y cantan
quémeimporta quémeimporta
cantan y cantan
pata con pata con pata
una tras
otra
desparramadas
despatarradas
cantan y cantan y cantan.

Laura Devetach

Las hormigas van
marchando en filitas ellas van
la chiqui es colorada
y cantando todas van
tiqui
tiqui
tiqui
tiqui
tiqui
las hormigas
por su camino van.

Juana Rusconi, 6 años

Cocodrilo que duerme...

Había una vez un cocodrilo que tenía la costumbre de comerse el final de los cuentos. Los chicos encontrábamos todas las historias sin resolver y mi maestra se volvía loca cuando quería enseñarnos introducción, nudo y desenlace. El cocodrilo volaba de libro en libro como un picaflor y con su bocaza le devoraba la última hoja. Los chicos pedimos justicia leyendo cuentos en la plaza y todos lo salieron a buscar. La
bibliotecaria lo encontró, estaba dormido detrás de una estantería. Se asomó despacito y vio que tenía letras sobre el cuerpo. Los chicos trajimos lupas, lápices, anotadores y copiamos los textos escritos en sus escamas.
Cuando el cocodrilo despertó ya habíamos devuelto a los cuentos sus finales.

Amparo Leoz, 9 años