lunes, 17 de diciembre de 2007

TALLER LITERARIO A ORILLAS DE LA MAR

La diosa Palabra, o búfala, o leona
sólo visita a los que ama.
Juan Gelman

Casi no es necesario agregar nada. Los textos que escribieron los pibes del taller de Antonia Zaragoza hablan por sí mismos. De la coordinadora y su fina sensibilidad de poeta y de lo que la mismísima poesía con su efecto “levadura” como a mí me gusta decir, está haciendo en las vidas de los chicos.

Brevedad, hondura, humor, regalan a los lectores estos “pescadores de la palabra”, que se animan a que suene, a que diga, a que llamee en los textos.

Mirta Colangelo



Hubo una primera vez, un zarpar en aguas desconocidas con tripulantes que creyeron en el ritmo. Así en 1996 comenzó el taller literario en Monte Hermoso. Durante estos años de navegación yo vengo a ser algo así como el capitán. Somos náufragos de la palabra, muchas de ellas se hundieron para que lo mejor pueda salir a flote. Salvarse. Sobrevivientes de la misma, como dice Gianni Rodari, por el sentido liberador que puede llegar a tener. Hay una geografía que venimos dibujando en el mapa a bordo de una embarcación cargada de propuestas, juegos, lecturas, en el ámbito de la biblioteca. Nos hicimos pescadores, al decir de Fernando Pessoa, “porque el poeta es uno de ellos, un pescador no de peces, sino de pescados vivos: entendámonos, de peces que pueden vivir después de pescados.”

Los diarios de viaje son diversos:

Juanita y Lucía llevan prolijos cuadernos.
Amparo tiene cuaderno, pero no es raro que escriba en papelitos.
Manuel pregunta todas las mañanas -¿hoy hay taller?
Lucía B. quiere dejar la escuela y tener todos los días taller literario.

Aquí va el mapa de ruta.
Leven anclas y a zarpar!

María Antonia Zaragoza
Coordinadora Taller Literario Municipal

Aquí estamos en la Plaza.
Trabajamos con el Comelibros de Comoto (libros-álbum del eclipse). Les propuse
reescribir la primera parte e inventar un final.

El Sr. B se lo pasaba comiendo libros. De tanto comer se le mancharon las camisas con
letras.
El Sr. B las lavó y se fue a descansar.
El Sr. B vio que sus camisas estaban limpias.
Las letras se fueron volando a la biblioteca y formaron nuevos libros.

Manuel Retamozo, 6 años.

Sobre el libro ¿Has visto? De Istvansch

La vaquita de san Antonio se esconde detrás de la cereza. Los ojos del conejo la están
mirando.

¿Has visto a la vaquita de san Antonio roja
escondida detrás de las cerezas rojas
porque los ojos rojos del conejo la están mirando?

Las hormigas
salpicadas con tinta china
marchan en la noche de los murciélagos.
La luna duerme sobre una nube de algodón alumbrando al oso polar que se baña en
espuma.

¿Has visto a la luna blanca
durmiendo sobre la nube blanca
de algodón blanco
alumbrando al oso polar blanco
que se baña en espuma blanca?

Lucía Retamozo, 10 años


¿Has visto en un zoológico unos flamencos rosas
mirando a las garzas rosas
que miran las flores rosas?

¿Y a la pantera rosa
que comía bajo el cielo rosa?

Juana Rusconi, 6 años

Con El colectivo fantasma de Ricardo Mariño, preparamos algunos epitafios. (Creación
grupal)

Corría todo el tiempo
Carmina Prietos
ahora descansa aquí
con los pies quietos.
Siempre sonriente
Rodríguez, Valeria
yace en esta tumba
ahora está seria.
Era tan olvidadiza
Lorena de Lucía
murió hace poco
no se acuerda el día.
Dolores Carula
le temía a la muerte
yace en esta tumba
no tuvo suerte.
Desafinaba en el coro
Juan Bogado
ahora yace aquí
al fin se ha callado.


Un día buscamos palabras en los títulos de los libros de la biblioteca, las pusimos en un
arcón como si fuera un tesoro. Los chicos las iban sacando y armando poemas breves.


Breves

el poder:
un mural
en el desierto
los delfines
tienen luz
en sus ojos
la dama de los peces
abre la puerta
de su mirada
las huellas
de los ángeles
marcan el sol
los caminos negros de la poesía
son fieles lobos
el pasado:
un revuelo de hojas

Amparo Luna Leoz, 9 años


Las luciérnagas habitan
en las manos de los árboles.
En el invierno de la vida
los lobos
se abrigan con joyas.


Macarena Molina Rodríguez, 11 años


En los juegos de la noche
las sombras parecen espejos.

Lucía Retamozo, 10 años

“Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi
poema” Pablo Neruda.


¿Qué palabras querés poner en tu poema?
Lucía eligió: laberinto, sueños, espejo. Y escribió:

Laberintos

Amo los laberintos donde la gente se pierde. Pero no me gustan los comunes y corrientes, sí los grandes en los que se pierden hasta los sueños. Prefiero los blancos y negros a cuadros como un ajedrez. Esos laberintos que cuando llueve no necesitás paraguas porque hasta las gotas se pierden en esas paredes que se mueven como un
caleidoscopio. Laberintos que parecen espejos. Laberintos en los que no existe el agua y hay vida.

Lucía Retamozo, 10 años


Amalia y el pegaso

A Amalia le gustaban más los libros de cuentos que los deberes. Una tarde antes de hacer sus tareas se fue a su biblioteca y cuando abrió el cuento del caballo alado inmediatamente entró por su ventana un colorido pegaso con noticias de cuentos todavía no publicados. Salieron los dos volando. A Amalia le esperaba el sueño de su vida. Llegaron a un mundo donde habitaban bellas criaturas. Ella bajó del pegaso y éste salió volando. La niña corrió a ver esos libros. Tapas, lomos, títulos, dibujos. Amalia imaginaba historias: principios, conflictos, finales. Se convertía en duende, hada, gnomo, princesa, bruja, fantasma, gigante, entre otros. En el justo momento en que era un hada y con su varita mágica estaba salvando a la princesa de que el ogro no la degollara…
-¡Amaaaaaaaaaaalia!!!!!!, vení a tomar la sooooopa!!!!! Subió a su caballo alado y volvió a su casa. Mamá la esperaba con la cena y una carpeta abierta con muchos deberes para completar.

Amparo Luna Leoz, 9 años


Una flota de barquitos
como la cola de un canguro
como una liana
como un collar de colores
como el cuello de una jirafa
como dos trenzas
¿Qué haría en un barquito de papel?
Mirar el mar desde el borde y tocarlo con los dedos

Juana Rusconi, 6 años


Joaquín y el agua

I La tarde que Joaquín pintó el agua

Joaquín se asoma a la ventana y se queda mirando cómo la lluvia salpica el
patio.
-¡La tormenta está prendida! -le dice a su mamá. Ven un rayo dibujar un río
en el cielo.
-¡Voy a pintar la tormenta! –dice.
Sale corriendo a buscar
hojas
pinceles
acuarelas
las trae a la mesita del living.
Mamá le alcanza dos vasos con agua.
Joaquín moja el pincel
moja celeste
revuelve
pinta celeste
más agua
más celeste
olas
viento
peces
sal.
Le pide a su mamá un papel glasé.
-¿No pintás más?
-No, quiero hacer un barquito.
La mamá trae los papeles,
-Uno azul quiero.
Con sus dedos de tres años dobla el papel por la mitad, puntita con puntita,
como le enseñó la señorita Lili.
Después otra vez por la mitad.
-¿Y ahora?
Mamá le ayuda:
tres puntas para un lado
una para el otro
mete el dedo en el triángulo
como si fuera el bonete de un títere.
Se lo muestra y lo aplasta.
-¡Ya estamos listos para tirar de las puntas! –dice.
Aparecen proa y popa con una vela que brilla. El casco es blanco.
Joaquín prueba el barco sobre el mar de acuarela
el barco flota
se cuelga del borde
de un salto trepa
sube
entra
se sienta.
Tiene brújula y timón, chaleco salvavidas y catalejo, flotadores, espejo,
ancla, remos, bengalas y boyas.
Se acerca un barco pirata.
Pasan delfines como los de Mundo Marino.
Pero él se distrae, asombrado porque esas olas tienen bigotes. Estira el
dedo para tocarlas. Se moja una mano, la otra y la panza apoyada en el
borde del bote, también se la moja. La espuma empieza a volar. Ahora se
chupa los dedos, gusto a ensalada tienen, le gusta, chupa más.
Se balancea y canta:
“la mar estaba serena
serena estaba la mar…”
Toma el catalejo y mira el horizonte de la ventana: un rayo de sol baja por el
tobogán.
-¡Mamá! ya se apagó la tormenta, ¿me das otro papel?
Los dos se abrigan hasta las orejas y se van con el sobre de papeles al
cordón de la vereda.
De las manos de la mamá nacen barcos como mariposas.
Zarpa una flota de colores como una cadena de guirnaldas.
-¿Nos subimos? -pregunta Joaquín.
-¡Nos subimos! -contesta su mamá.

II Barcos en la acuarela

Joaquín y su mamá navegan en un barquito de papel bordeando el cordón
de la vereda.
Cuando pasan por la casa de Sofía la invitan a subir. Sofía busca las patas
de rana y las antiparras que le dejaron los reyes.
-¡Allá vooooooyyyyyyyy!
Suben también otros amigos del barrio:
Maxi y Lucas
el otro Joaquín
Marcos y Leticia
Anita
Mariano y Carlitos, los hijos del pescador que sabe muuuuucho de barcos.
Algunos van parados, saltan, se tambalean.
Comen pasas y cereales y de sus bocas salen risas, suspiros y canciones.
Son unos cuantos que parecen muchos más.
Los barcos los llevan
los llevan
y ellos se dejan llevar.
En Monte Hermoso
había un marinero
que con sus remos
navegaba ligero.
Esa tarde gastan los deseos de navegar.
Conocen:
la Cascada de la Esquina
y los Rápidos de la Cuneta
Todo se vuelve oscuro en la Alcantarilla del Centro.
Juegan a salpicarse con los remos, con las patas de rana. Se tiran las
boyas y los flotadores. Los chalecos naranjas mojados como peces.
Llegan al arroyo. Los árboles vestidos se miran en el espejo y sus hojas
como papeles libres hacen la plancha en plena corriente.
Las siguen.
En el aire hay música de voces y silencio de tarde recién lavada, de arroyo
en flor.
Sobre el agua baila el sol y la flota de barcos de colores dibuja olas que se
abren hasta la orilla.
En Monte Hermoso
había un marinero
que con sus remos
navegaba ligero.
-¡Miren! –dice Joaquín con los ojos asomados al catalejo- allá se ve el mar.
Marcos y Leticia le hacen sombra a los ojos con la palma de la mano.
-¡Lo lo gramos! ¡lo lo gramos! –cantan a coro y se abrazan. Siempre habían
soñado con llegar al mar navegando por el arroyo.
-¡Es la booooca! –dice Mariano- te acordás Carlitos que papá nos trajo un
día.
-¡Síííííí! Cuando pescamos el lenguado.
Anita salta en el barco agarrada del timón. No puede creer que estén
llegando a la desembocadura.
Maxi, Lucas y el otro Joaquín anclan el bote y se zambullen con sus
salvavidas. Quieren llegar nadando.
La mamá de Joaquín ve que el mar está cerca.
Hoy parece un cuadro pintado con acuarelas sobre una hoja en la mesita
del living.

María Antonia Zaragoza

Aquí los chicos del taller pintan el cuento
También escuchamos cómo cantan las hormigas en el libro La hormiga que
canta de Laura Devetach, ilustrado por Juan Lima.

Con el lápiz de las patas
con su pétalo
su mástil
las hormigas hacen mapas.
Viene el viento
se los barre.
Viene el agua
se los borra.
Chimichurri chimichurri
cantan y cantan
quémeimporta quémeimporta
cantan y cantan
pata con pata con pata
una tras
otra
desparramadas
despatarradas
cantan y cantan y cantan.

Laura Devetach

Las hormigas van
marchando en filitas ellas van
la chiqui es colorada
y cantando todas van
tiqui
tiqui
tiqui
tiqui
tiqui
las hormigas
por su camino van.

Juana Rusconi, 6 años

Cocodrilo que duerme...

Había una vez un cocodrilo que tenía la costumbre de comerse el final de los cuentos. Los chicos encontrábamos todas las historias sin resolver y mi maestra se volvía loca cuando quería enseñarnos introducción, nudo y desenlace. El cocodrilo volaba de libro en libro como un picaflor y con su bocaza le devoraba la última hoja. Los chicos pedimos justicia leyendo cuentos en la plaza y todos lo salieron a buscar. La
bibliotecaria lo encontró, estaba dormido detrás de una estantería. Se asomó despacito y vio que tenía letras sobre el cuerpo. Los chicos trajimos lupas, lápices, anotadores y copiamos los textos escritos en sus escamas.
Cuando el cocodrilo despertó ya habíamos devuelto a los cuentos sus finales.

Amparo Leoz, 9 años

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