martes, 18 de diciembre de 2007

UNO DE MISTERIO




Una vez más recibimos para subir a El procedimiento de la infancia, un lindísimo texto de Guido Lipina. Esta vez Guido nos envió un cuento de misterio que resultó ganador en un concurso de Literatura que se llevó a cabo en su escuela.
Lo felicitamos y le agradecemos haber sido tan consecuente.
Y acá va acompañado de una foto lindísima que le sacó su papá.




LA LUPA DE LA MUERTE
Por El mayor de los Grimm

Octubre 27, 1923


Querido diario, son las tres de la mañana y no puedo dormir, un sentimiento penoso y escalofriante invade mi casa. No me siento nada bien, siento que mi cabeza va a explotar, no puedo controlar mi ira, mi cerebro no funciona y mi corazón tampoco. Hoy maltraté a un señor que pedía limosna, lo empujé hacia la calle y no se si se habrá lastimado. En este instante me propongo no volver a maltratarlo -tampoco maltrataré a ninguna persona sin recursos suficientes que este pidiendo ayuda y que sea amable al mismo tiempo-.
Últimamente, mis pesadillas están siendo más fuertes. A pesar de muchas cosas que pasaron en mi vida de detective, cosas violentas, brutas y en muchos casos letales que poco lograron asustarme, estas pesadillas lograron sacarme de quicio y si por alguna razón mis sueños intentan decirme algo, debo estar precavido.
Si sigo siendo así de negativo contigo tú te volverás un completo pesimista, así que te contaré las buenas noticias, literalmente, de cómo ocurrieron.
Me desperté a las cinco con el fuerte ruido de la puerta de mi casa cerrándose. Cuando fui a abrir encontré a una señora gritando desaforadamente con los pelos rizados, la cara totalmente pálida, una rodaja de pepino colgada de sus enormes cachetes y las rodillas cubiertas de barro. Su vestido -si es que eso era lo que llevaba puesto- tenía media manga rota. Lo que seguramente era un moño, estaba colgado de una de sus enormes y enredadas colas de caballo atadas con una cinta de un color extravagante y todo el pecho manchado con café, además de una tostada con manteca y mermelada de frutilla pegada en uno de sus brazos. Tranquilamente, la invité a pasar, le entregué una toalla y un vestido que tenía guardado para estas ocasiones. Luego de ponérselo, le pregunté si quería algo y de un momento a otro me vi empujado hacia mi sillón. Rápidamente ella empezó a hablar de un montón de cosas, a tanta velocidad que parecía que lo hacia en otro idioma. Me levanté, le tapé la boca con el dedo índice y empecé el dialogo.
-Me imagino que por la apariencia con la que interrumpió mi siesta matutina, usted es ama de llaves y su patrona le ha dicho que venga hasta aquí para decirme que su esposo está en un grave peligro...
Esto fue lo que empezó un breve pero muy interesante diálogo.
-Mi ama me dijo que el señor Srunget, mi patrón, está enfermo. Yo le pregunté si quería que llamara a un doctor, pero ella me dijo que en lugar de eso lo llamara a usted, y aquí me tiene.
Lo dijo con tanta claridad que me pareció un caso de lo más interesante así que le propuse irnos en ese instante hasta la casa de sus patrones.
Cuando llegamos a la gran mansión, Carola –el ama de llaves- me pidió un segundo para ir hacia la cocina y tomar un vaso de agua. Aproveché la oportunidad para investigar un poco el lugar. Empecé por el living, que me pareció demasiado grande para tan pocas cosas. Lo único que vi fue un sillón de color naranja fuerte con unas veinte flores dibujadas a la perfección, con trazos largos y delicados de muchos colores rosáceos y anaranjados. Además tenía un gran dragón de color rojo intenso que parecía querer salir del sillón en actitud de devorarme de un solo bocado, para seguir luego apoderándose de todo lo demás en la casa. Lo que más impresionaba era la expresión de sus ojos grandes. Parecía como si acabara de ser lastimado y mirara mas allá, desde su alma, mostrando un fuego prendido, un corazón ardiente, esperanza, perdón... y a la vez todo lo opuesto, venganza, ira, odio.

Unos instantes después de entrar al living, un grito ahogado invadió la casa. Un segundo después vi salir corriendo a Carola desde la cocina hacia las escaleras. La seguí hasta un cuarto que tenía una cama en el centro. Allí no había nadie, pero el grito se continuaba oyendo con total claridad, como si fuera de... un fantasma. De una de las esquinas del cuarto, de pronto apareció una anciana decrépita y en un idioma que parecía japonés le dijo algo que no entendí a Carola. Ésta le contestó y tomándome del brazo me condujo a otra habitación con una gran cama y un hombre acostado sobre ella, que seguramente era el señor Srunget. Carola se acercó y vio si respiraba. Después salió corriendo con la cara tapada por sus manos. Me acerqué para ver si estaba muerto.
La anciana apareció detrás de mí y me echó de la casa, diciéndome que me fuera y no volviera, poniéndome en la mano un extraño objeto que me pareció una lupa decorada con un estilo chino de colores oscuros, con carabelas espectrales en todas partes.
En este momento me venció el sueño. Sigo mañana.
Buenas noches

Octubre 29, 1923

Las cosas van de mal en peor. Lo que me pasó en estos últimos días fue para morirse. De hecho, en estos momentos me persigue la muerte. Seguramente, recordarás esa lupa tan extraña que hace un par de días me dio la anciana cuando me echó de su casa. Pues de acuerdo con muchos monjes chinos es la lupa de la muerte. Tiene el poder de matar a cualquiera que mire por ella... y seguramente es la causa de la muerte del señor Srunget. Y aunque yo sea precavido, este caso puede ser una excepción en la que no logre salir con vida. Cuando anoche miré por la lupa, toda mi vida y mis pensamientos se juntaron y formaron algo muy grande... todo un sentimiento de oscuridad empezó a brotar de la lupa convirtiéndose en un espectro. Y sorprendentemente, al mismo tiempo que apareció el espectro, también tuve una sensación suave y placentera que salió de mi boca y al instante otro sentimiento oscuro que se apoderó de mi y me convirtió en un monstruo. Ahora, siento que lo bueno en mi ya ha sido consumido. Lo que queda es apenas un microbio de lo que era antes. Y si el destino me indica que tenga que seguir así, preferiría morir. Acabaría con mi miserable corazón y luego se lo daría al perro de comida. Si, se que me he vuelto loco. Si crees que un entupido pedazo de papel como tú me dirá que no lo haga, estás equivocado. Seguiré mi destino. Moriré un 29 de octubre. Nadie se enterará y lo disfrutaré. Querido diario... ya no le tengo miedo a la muerte, sino a la vida y a lo que queda de mí. Lo único que me haría cambiar de opinion, sería la voz de mi conciencia. Pero ella murió y sólo quedo yo y mi cuerpo. Ya no tengo esa estúpida alma de buen corazón. Sólo tengo un hueco transparente que está por volverse rojo y sucio. Y ahora lo único que me queda es traspasar mi cuerpo con este artefacto metálico de gran filo. Que sea un loco no significa que no sea educado, así que adiós para siempre querido diario.

Diario de Paris del 29 de noviembre de 1923


Hoy en la calle Morgue, la señora Carola del Carmen encontró a José Pujol acostado en su cama, atravesado con un cuchillo en la mitad del pecho. Los médicos de la policía dijeron que murió hace al menos un mes, asesinado por algún delincuente. No obstante, el doctor Juan de Serenta afirmó que el hombre se suicidó. Ninguna de las teorías pudo confirmarse, ya que se encontró una breve nota inconclusa cerca del cadáver, en la que podía leerse lo siguiente: “Me he visto obligado a hacer esto, pero la verdadera causa de mi muerte es...”.


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